Después
de mi conflicto con la tectónica en mi entrega anterior, decidí indagar para
poder acercarme y entender más sobre ella.
Entendí que
hay algo más que la visual y que no es solo colocar planos y configurar
espacios con fines utilitarios. la verdadera arquitectura tiene que ser
sensorial, que provoque emociones y que el usuario integre su experiencia existencial
con la obra. Para ello, es esencial el adecuado uso de materiales con el fin de
generar una buena tectónica.
Decidí utilizar
hormigón, acero oxidado y policarbonato. El hormigón no tenía que ser liso,
pulido ni brillante, tenía que ser áspero, con una textura innovadora como lo
es la corteza de árbol plasmada y fundida en él. La textura inmortaliza la
corteza de un árbol que ya había cumplido su ciclo de vida, lo que anexa un
material noble como es la madera con un material frío y burdo como el hormigón.
El acero
oxidado con el paso de los años fue ideal para representar un material natural
que expresara su edad. Con mucha vida por delante y sin temor al desgaste seguirá
adquiriendo texturas y tonos producido por su historia.
La transparencia que brinda el policarbonato logra dar una sensación de ingravidez, flotación y además da al usuario una percepción de la luz y la hora del día.
La obra
se mantuvo a una escala humana, manteniendo la línea de la fachada con las demás
casas intentando dar un sentido de pertenencia y equilibrio con el contexto.




