sábado, 9 de diciembre de 2017

Materialidad con Vida

Después de mi conflicto con la tectónica en mi entrega anterior, decidí indagar para poder acercarme y entender más sobre ella.


Entendí que hay algo más que la visual y que no es solo colocar planos y configurar espacios con fines utilitarios. la verdadera arquitectura tiene que ser sensorial, que provoque emociones y que el usuario integre su experiencia existencial con la obra. Para ello, es esencial el adecuado uso de materiales con el fin de generar una buena tectónica. 


Decidí utilizar hormigón, acero oxidado y policarbonato. El hormigón no tenía que ser liso, pulido ni brillante, tenía que ser áspero, con una textura innovadora como lo es la corteza de árbol plasmada y fundida en él. La textura inmortaliza la corteza de un árbol que ya había cumplido su ciclo de vida, lo que anexa un material noble como es la madera con un material frío y burdo         como el hormigón. 


El acero oxidado con el paso de los años fue ideal para representar un material natural que expresara su edad. Con mucha vida por delante y sin temor al desgaste seguirá adquiriendo texturas y tonos producido por su historia.

La transparencia que brinda el policarbonato logra dar una sensación de ingravidez, flotación y además da al usuario una percepción de la luz y la hora del día.

La obra se mantuvo a una escala humana, manteniendo la línea de la fachada con las demás casas intentando dar un sentido de pertenencia y equilibrio con el contexto. 

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