sábado, 26 de agosto de 2017

Mi abuelita rosa: la experta inconsciente sobre Venturi.

Cuando era más pequeño, mi abuelita siempre me retaba porque dejaba las puertas y ventanas de la casa abiertas.  Me decía: “cierra la puerta porque hay corriente de aire, te va a tomar un aire  y te va a quedar la cara chueca”. Recién  entendí que me advertía de lo aterrador que es Venturi y que estaría presente toda para toda mi vida como futuro arquitecto. Ahora le puedo explicar con términos técnicos el motivo de la famosa “corriente de aire”. Hoy en día me sigue mandando a cerrar puertas. 

Gracias Venturi


El viento es uno de los factores más importantes para tener en cuenta al momento de diseñar y construir, por lo que se debe entender cómo se aplica en los diseños, ya sea a favor, en contra o potenciándolo. Este fenómeno hay que tenerlo en cuenta sobre todo cuando se construye en vertical, por lo que ahí nace mi inquietud sobre cómo es que torres de gran altura pueden soportar vientos de casi 300 k/h.

Investigando entendí que podemos usar fenómenos físicos para contrarrestar el viento, como es el caso del Taipei 101, el cual dispone en la parte superior de un amortiguador de masa para minimiza la oscilación. Por el contrario, hay diseños que reducen el impacto del viento como es el caso de Gherkin, el cual minimiza el efecto Venturi al no tener esquinas.

Ambas formas combaten el viento como un fenómeno que percute negativamente en las obras. Pero, ¿Por qué limitar una energía tan potencial en vez de aprovecharla? Lo mismo se debieron haber preguntado los arquitectos  Adrian D. SmithGordon Gill, quienes desarrollaron un edificio que aprovecha al máximo el viento utilizando el efecto Venturi.





La estructura, que además de ser diseñada en armonía con su entorno,  usa la energía de las fuerzas naturales y son canalizadas en dos segmentos por donde circula el aire a gran velocidad (efecto Venturi), donde es recibido por aerogeneradores, convirtiéndolo en uno de los edificios más auto sustentable en relación a energía.  

Si bien la obra mencionada es de una gran dimensión, perfectamente se podría aplicar el mismo efecto a una escala menor, para así paulatinamente crear viviendas autosustentables e independientes energéticamente.
Nuestro deber como futuros arquitectos es dejar de combatir las fuerzas naturales como si fuera un fenómeno negativo y perjudicial. Tenemos que adecuarnos a ella y sacarle el máximo provecho de manera sustentable y respetuosa, para así construir un mundo más idóneo con el medio ambiente.