La sombra consume
En esta reflexión decidí hacer
algo diferente, no una reflexión personal que girara en mi entorno, sino que
algo relacionado con un grupo colectivo que está siendo afectado por intereses individuales
y capitalistas. Como la arquitectura es un proceso colaborativo de todos los
usuarios, decidí tomar mi bicicleta e ir a la comuna de Estación Central a conversar
con los vecinos del antiguo barrio y así intentar comprender la compleja situación
que están viviendo, por supuesto tomando en cuenta los fenómenos de la luz y sombra.
Paradoja perpetua en Estacion Central
En primera instancia me encontré
con la señora Estela, residente del sector hace 23 años, quien vivió la construcción
de dos torres, una atrás y otra al frente de su hogar, las cuales superan los
20 pisos. El impacto lumínico que sufre día a día se debe a que las torres proporcionan
sombra durante la mañana y la tarde, lo que significa que tiene que mantener
las luces encendidas durante el día para poder circular cómodamente en el
interior. Me comenta que en invierno mantiene la estufa encendida gran parte
del día y que el frio es insoportable debido a las pocas horas que tiene de sol,
unas 2 horas aproximadamente. Desde la construcción de estos edificios y a raíz
del gasto monetario, físico y emocional que conlleva la poca cantidad de luz
natural, la señora Estela piensa en vender su hogar, buscar una mejor calidad de vida y escapar del
consumo de la sombra.

Casa de la Señora Estela
Algo similar y aún más drástico le
sucedió a la señora Elsa, un adulto mayor de 87 años que construyó su casa
junto a su marido hace más de 60 años. Quien me recibe es su sobrino Don Sergio,
quien se aprecia melancólico y con voz temblorosa; estaba a minutos de
entregarle las llaves de la casa al encargado de un nuevo proyecto
inmobiliario. Me comenta que la señora Elsa y 5 vecinos más vendieron su hogar
porque era imposible seguir viviendo en esas condiciones. Don Sergio me invita
a la casa deshabitada, lista para
demoler, y me comenta como afectó la construcción de dos torres a solo 30 metros
del hogar. La luz natural era solo de 12:00 a 15:00 hrs. y el frio excesivo
llevó a la señora Elsa a estar más propensa a enfermedades, obligándola a mantener
la casa temperada día y noche, por lo que no salía a la calle por temor a los
cambios bruscos de temperatura. Tuvo problemas con la presion del agua y el alcantarillado no daba a basto con las miles de nuevas viviendas verticales. Siguiendo con el recorrido, llegamos a un gran patio,
estaba lleno de flores y plantas, pero todas secas debido al escaso sol que recibían.
Al terminar el recorrido con Don Sergio,
le doy las gracias por poder acompañarlo en la despedida con el hogar donde lo
vio crecer, hoy en día rodeado de “moles” y casi en un “acantilado”, palabras
con que describía el nuevo entorno de su antiguo barrio.
Como futuros arquitectos tenemos
la responsabilidad de brindarles verdaderos hogares a nuestra sociedad,
preocuparnos por cada fenómeno e impacto ambiental que tendrán futuros
proyectos, por supuesto teniendo en suma consideración las sombras y luz que
proporcionan o quitan.

Patio de la Señora Elsa