lunes, 3 de julio de 2017

La sombra  consume

En esta reflexión decidí hacer algo diferente, no una reflexión personal que girara en mi entorno, sino que algo relacionado con un grupo colectivo que está siendo afectado por intereses individuales y capitalistas. Como la arquitectura es un proceso colaborativo de todos los usuarios, decidí tomar mi bicicleta e ir a la comuna de Estación Central a conversar con los vecinos del antiguo barrio y así intentar comprender la compleja situación que están viviendo, por supuesto tomando en cuenta  los fenómenos de la luz y sombra. 
Paradoja  perpetua en Estacion Central


En primera instancia me encontré con la señora Estela, residente del sector hace 23 años, quien vivió la construcción de dos torres, una atrás y otra al frente de su hogar, las cuales superan los 20 pisos. El impacto lumínico que sufre día a día se debe a que las torres proporcionan sombra durante la mañana y la tarde, lo que significa que tiene que mantener las luces encendidas durante el día para poder circular cómodamente en el interior. Me comenta que en invierno mantiene la estufa encendida gran parte del día y que el frio es insoportable debido a las pocas horas que tiene de sol, unas 2 horas aproximadamente. Desde la construcción de estos edificios y a raíz del gasto monetario, físico y emocional que conlleva la poca cantidad de luz natural, la señora Estela piensa en vender su hogar,  buscar una mejor calidad de vida y escapar del consumo de la sombra.


Casa de la Señora Estela



Algo similar y aún más drástico le sucedió a la señora Elsa, un adulto mayor de 87 años que construyó su casa junto a su marido hace más de 60 años. Quien me recibe es su sobrino Don Sergio, quien se aprecia melancólico y con voz temblorosa; estaba a minutos de entregarle las llaves de la casa al encargado de un nuevo proyecto inmobiliario. Me comenta que la señora Elsa y 5 vecinos más vendieron su hogar porque era imposible seguir viviendo en esas condiciones. Don Sergio me invita a la casa deshabitada,  lista para demoler, y me comenta como afectó la construcción de dos torres a solo 30 metros del hogar. La luz natural era solo de 12:00 a 15:00 hrs. y el frio excesivo llevó a la señora Elsa a estar más propensa a enfermedades, obligándola a mantener la casa temperada día y noche, por lo que no salía a la calle por temor a los cambios bruscos de temperatura. Tuvo problemas con la presion del agua y el alcantarillado no daba a basto con las miles de nuevas viviendas verticales. Siguiendo con el recorrido, llegamos a un gran patio, estaba lleno de flores y plantas, pero todas secas debido al escaso sol que recibían.  Al terminar el recorrido con Don Sergio, le doy las gracias por poder acompañarlo en la despedida con el hogar donde lo vio crecer, hoy en día rodeado de “moles” y casi en un “acantilado”, palabras con que describía el nuevo entorno de su antiguo barrio.

Como futuros arquitectos tenemos la responsabilidad de brindarles verdaderos hogares a nuestra sociedad, preocuparnos por cada fenómeno e impacto ambiental que tendrán futuros proyectos, por supuesto teniendo en suma consideración las sombras y luz que proporcionan o quitan. 
Patio de la Señora Elsa


No hay comentarios:

Publicar un comentario