El recorrido escogido fue la calle Andrés Bello, Puente Alto; la cuadra donde viven mis abuelos. Pasé gran parte de mi infancia caminando día a día por tal calle y, si bien, no es el camino más asombroso, hay pequeños detalles que hace único a este barrio.
Lo maravilloso de la vida de barrio es la unión y afecto entre los vecinos. Con tan sólo salir o llegar a la casa, y saludar, conversar, reír o ayudar, genera un grato ambiente, el cual casa vez se produce menos debido a la masificación de departamentos.
En relación a el uso de la luz y sombra, tomé en cuenta a un vecino que es muy amigo mío. Desde que lo conozco, se ubica gran parte del día en dos sectores: en su ventana y en la vereda oriente. Durante el invierno, el sujeto se ubica durante la mañana en su ventana para recibir los escasos rayos de sol y en la tarde se ubica en la vereda de al frente para contemplar las últimas horas de luz.
En verano, sucede algo diferente. Durante la mañana el sujeto, al igual que en invierno, se ubica en la ventana hasta aproximadamente las 10:30 hrs, hora que comienza el calor, y vuelve a entrar a su casa. En la tarde, cuando el sol se ubica a 55° aprox., vuelve a salir a su ventana para disfrutar la sombra que se produce.
Con esta simple observación, se aprecia la búsqueda, por parte del hombre, de la temperatura y la exposición agradable al sol y la sombra dependiendo de la época del año y horario del día.


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