El viento es uno de los factores más importantes para tener
en cuenta al momento de diseñar y construir, por lo que se debe entender cómo
se aplica en los diseños, ya sea a favor, en contra o potenciándolo. Este fenómeno hay que tenerlo en cuenta sobre todo cuando se construye en vertical, por lo
que ahí nace mi inquietud sobre cómo es que torres de gran altura pueden
soportar vientos de casi 300 k/h.
Investigando entendí que podemos usar fenómenos físicos para contrarrestar
el viento, como es el caso del Taipei 101, el cual dispone en la parte superior de un amortiguador
de masa para minimiza la oscilación. Por el contrario, hay diseños que reducen el
impacto del viento como es el caso de Gherkin, el cual minimiza el efecto Venturi
al no tener esquinas.
Ambas formas combaten el viento como un fenómeno
que percute negativamente en las obras. Pero, ¿Por qué limitar una energía tan
potencial en vez de aprovecharla? Lo mismo se debieron haber preguntado los
arquitectos Adrian D. Smithy Gordon Gill, quienes desarrollaron un edificio que aprovecha al máximo el
viento utilizando el efecto Venturi.
La estructura, que además
de ser diseñada en armonía con su entorno, usa la energía de las fuerzas naturales y son canalizadas
en dos segmentos por donde circula el aire a gran velocidad (efecto Venturi), donde es recibido
por aerogeneradores, convirtiéndolo en uno de los edificios más auto sustentable
en relación a energía.
Si bien la obra
mencionada es de una gran dimensión, perfectamente se podría aplicar el mismo
efecto a una escala menor, para así paulatinamente crear viviendas autosustentables e independientes energéticamente.
Nuestro deber como
futuros arquitectos es dejar de combatir las fuerzas naturales como si fuera un
fenómeno negativo y perjudicial. Tenemos que adecuarnos a ella y sacarle el máximo
provecho de manera sustentable y respetuosa, para así construir un mundo más idóneo
con el medio ambiente.

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